jueves, 26 de noviembre de 2015

El límite no es el cielo


     Desde siempre me ha gustado mirar al cielo. No sé miro hacia arriba por ser arquitecta o si fue porque me gusta mirar hacia arriba por lo que me hice arquitecta. Tampoco sé si es que no me gusta tener los pies en el suelo o es que me gusta demasiado tenerlos apuntando hacia el cielo. 

     Bien. Pues es por esta costumbre por la que tengo cientos de fotos mirando hacia arriba, así como yo miro las cosas siempre (cosas = edificios). Y me hizo gracia cuando me di cuenta, por eso quería contarlo por aquí. 

     En ningún sitio esto se hizo tan evidente como en Nueva York (y no creo que sea la única a la que le ha pasado). Es, sin duda, un sitio para perder la mirada entre rascacielos de perspectivas imposibles y no alcanzar a ver el fin. Tengo que reconocer que me agobió un poco. Soy persona de playa, de mar, y estar rodeada de edificios, a pesar de estar en mi salsa, me produce cierta claustrofobia.

     Además de eso, me hace pensar dos cosas. Primero digo ¡guaaau! (o wooow! en inglés si quereis), ¡qué alto hemos llegado! Y qué lejos, y cuantos avances y cuanto progreso. Pero luego también pienso en lo pequeños que somos en comparación con todo eso; es como si de alguna forma nosotros mismos nos hemos empeñado en recordarnos lo insignificantes que somos y el pequeño margen de influencia que tenemos sobre la mayoría de las cosas que pasan. Con lo que nos hemos convertido en meros observadores, o telespectadores (porque ya casi todo lo vemos a través de la tele o de algún otro tipo de pantalla) de un mundo que no entendemos del todo bien.

     Otra cosa. Ayer fue el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer y empezó la campaña de 16 días que tiene por objeto concienciar un poco a la sociedad de todo el mundo para conseguir el tan deseado cambio. Y ayer también, por fin, me atreví a ver el documental "No es país para mujeres" de Jon Sistiaga (al que hoy voy a tener la suerte de escuchar en una charla), que denuncia la situación de la mujer en la India. Digo atrever porque hay que estar preparado, porque se te revuelve el alma.

     Y entre unas cosas y otras me quedé pensando: "demasiadas cosas feas por aquí..." Así que mejor mirar hacia el cielo.         


     PD: mi particular homenaje al cielo neoyorquino.


















viernes, 13 de noviembre de 2015

Barbie Malibú

    Cada día me lavo la cara con agua de avena (porque la del grifo es demasiado agresiva para la piel), me pongo crema hidratante (dos diferentes) por la mañana y por la noche, me exfolio cara y cuerpo regularmente y me pongo una mascarilla hidratante por lo menos una vez por semana. De vez en cuando utilizo contorno de ojos y algún otro sérum antiarrugas, porque "prevenir es curar". Tomo vitaminas para el pelo y las uñas y vitaminas para no ponerme enferma en invierno, utilizo un champú fortalecedor (para tener más volumen), mascarillas, aceite para las puntas, desenredante y me corto cada dos meses las puntas; además de mi body milk, utilizo una crema para los pies y otra para las manos, claro. Si a esto le sumas que hay que beber por lo menos dos litros de agua al día, tomar cinco raciones de fruta y al menos dos vasos de leche, según recomiendan los expertos; por no hablar del ejercicio diario y lo de caminar por lo menos una hora al día para fortalecer los huesos. Si encima quieres trabajar, tener familia o amigos y una vida medio normal, necesitas que cada día tenga unas 27 horas para poder llegar a todo.

     Pero una vez asumida la triste realidad de que no llegaré a ángel de Victoria, no me pareceré a Barbie ni a Gisele, que siempre empiezo un par de meses tarde la operación bikini y que por más cremas que me ponga, me están saliendo patas de gallo, me paro a pensar y se me ocurren un par de cosas...

     Por una parte está la estética, que, nos demos cuenta o no, es solamente una moda y como tal, pasajera y cambiante. Así que todo lo que implique preocuparse demasiado por ella, un gasto excesivo o un asomo de obsesión, está fuera de lugar. No sé la de dinero y esfuerzo que puedes emplear a lo largo de tu vida en "mejorar" tu aspecto, llegando a extremos como el que nos enseña este video del Festival de cortos de Bruselas del año pasado:
Supervenus

     Por otra parte, y más importante, está la salud. A mí los "hábitos saludables" me parecen algo estupendo, porque todo lo que sea mejorar nuestra calidad de vida, es positivo. Ahora, creo que la cosa también se nos está yendo de las manos.

     Si pretendemos hacer caso a todos los estudios médicos, todas las predicciones y/o suposiciones sobre lo que afecta a la salud y lo que no, ya podemos prepararnos para comer soja en todas sus modalidades de aquí en adelante. Que ningún vegetariano o vegano me malinterprete; solo digo que antes no sabíamos tanto y vivíamos más tranquilos: no conocíamos las dietas "detox", ni se hacían estudios para saber qué alimentos te hacen engordar, no se utilizaba tanto "botox", ni se dejaban de tomar hidratos de carbono a las 16:00... al revés, la gente merendaba (incluso bocatas), se comían menús de dos platos en las casas, ir al gimnasio era algo raruno y si tenías que adelgazar, ibas al médico.

     A lo mejor me equivoco, pero llegados a este punto, dado que a la mayoría de mortales nos cuesta seguir las reglas para tener el cuerpo perfecto, la cara perfecta o la vida perfecta, yo digo que disfrutemos de la vida todo lo que podamos, que nos cuidemos, sí, pero con tranquilidad, sin agobios, con cabeza; que aceptemos que la arruga es bella, q una tripita es la curva de la felicidad, que nadie es perfecto o mejor aún, que siendo perfecto a lo mejor no eres feliz. Pero sobre todo no nos olvidemos de que hagamos lo que hagamos, no nos vamos a volver inmortales y que lo que queda de camino, si lo tienes que pasar con alguien, es contigo.

     Así que... ¡viva las imperfecciones!