domingo, 18 de enero de 2015

fighting for peace

     Eso que habreis oído a menudo de "fighting for peace is like fucking for virginity" o como pedir un abrazo en un burdel, o pedir una ensalada en un mcdonalds y desprópositos similares... pero es lo primero que me viene a la cabeza cuando alguien reconoce la autoría de un atentado "en nombre de la religión", como estas últimas semanas. Luego, torrente de ideas. 

     Lo primero que pensaba es la poca o ninguna sorpresa de la cosa en sí. Que Francia será objetivo remarcable del terrorismo islámico, bueno, igual que el resto de Occidente; el problema han sido las formas, porque no es lo mismo poner un coche bomba y largarte, que asesinar a bocajarro a doce personas, por la brutalidad, por la sangre fría, por la exhibición de violencia gratuita, y por las ganas de sembrar el pánico sin más motivo que ese mismo, y por el odio ¿o la locura? que todo eso tiene detrás. 

     Luego, así sin querer, me han venido a la cabeza las víctimas del 11M, y también sin querer, el número total (192)... pero no sigo con eso.

     Algo que leí hace tiempo, también sobre París, cuando discutían allá por los 60, sobre si construir la Tour Montparnasse (joyita del skyline de la capital francesa), y que no recuerdo quién decía: "towers, but not in my courtyard". C'est à dire, que las torres están muy bien, mientras yo no las vea, o lo que es lo mismo, mientras a mí no me molesten; voilà, esto ha molestado, y de qué manera.  Así que para bien o para mal, ahora se van a empezar a tomar más en serio algunas cuestiones, que no son nuevas, y la amenaza parece hasta más real. Es lógico y de humanos (de los más normales) no prever con antelación, o no prestar atención a las cosas hasta que nos afectan directamente; esto es, nuestro pequeño gran mundo. Todo está en orden, mientras no se altere nada en mi rutina, pero ¡ay! cuando sí... y el problema es que somos unos 7.000 millones aquí en la Tierra, y eso significa 7.000 millones de pequeños grandes mundos, que cada uno quiere mantener en paz; lo cual se hace un poco difícil de compatibilizar. Lo peor es que cuesta descubrir que hay factores que no puedes controlar tú solo, y que al final quedan a merced de no se sabe muy bien quién. Está bien ser conscientes de esto de vez en cuando. 

     Y ya lo último que se me ocurre y no menos preocupante ¿¿por qué?? Asusta y mucho pensar lo que alguien puede llegar no solo a pensar sino a hacer, por medio de la influencia de otros. Cuando estos otros encima tienen el respaldo de la Religión para dar dogmatismo a lo que opinan... se pierde el norte. Exaltados ha habido siempre; al fin y al cabo la yihad no es ninguna novedad (y sino, acordaos de Clemente VI o de todos los caballeros del Temple) pero cabría esperar, que en el siglo en el que estamos, la locura hubiera dado paso al respeto y al diálogo, con la globalización como trasfondo. 

     Pero aparte de eso, la gente, ¿qué piensa? o ¿qué le pasa? Lo que me parece mucho más preocupante es el momento en el que un argelino (por decir algo) de segunda generación, o ni siquiera con ascendencia de un país árabe, se radicaliza, se larga a Yemen o a Siria a recibir entrenamiento militar y ¿doctrina? El odio, rabia que lleva alguien dentro hacia un pueblo que ¿le ha tratado mal? ¿ha tratado mal a sus padres? ¿le ha marginado, discriminado? O nada de eso, y es cuestión de arrastre, de tirón de las redes sociales (que ahora gusta mucho decir esto),o ¿se trata de verdaderas convicciones y entonces de lavado de cerebro puro y duro? Creo que la respuesta a todo esto es lo que realmente debería interesarnos.


     Esta imagen a raíz de la nueva prohibición de hacer muñecos de nieve... porque creo que al final de todo, siempre se ve la luz.